Machín, chocolate extrafino

Bueno toca recapitular, Don Antonio Machín fue colocado mirando a su Capilla de los Negritos. Pasamos frío, comimos migas (Papá, me gustan infinitamente más las tuyas) nos hicimos fotos y videos hasta con el gorrilla, bueno, eso yo, que el escultor se la hizo con el alcalde, la sobrinísima y los hermanos mayores (y no me refiero al fontanero hermano del insigne bolerista). La familia del broncefirmante (que ya también es la mía) no faltó a la cita a pesar del gélido mediodía que corría, Guillermo concedió entrevistas, se dejó fotografiar, se dejó querer por las señoras del barrio (que se le da muy bien) y hasta comenzó a invertir en futuro en lugar de dejarse deslumbrar por los flashes.

La prensa se hizo eco en los días posteriores (creo que jamas he acumulado más periódicos en un sólo día), alguna noticia incluso trasatlántica y hasta el de los gatos pasaba ayer de puntillas por el tema despues de haber machacado un proyecto del que sólo había visto una foto (y mala) de un minúsculo boceto. Señor Don Gato, deje usted de meterse con el alcalde y diga algo de los alcauciles que lleva el bronce, que yo personalmente le metí más cera que al suelo de una tienda de Porcelanosa en las maracas pensando especialmente en usted. -Más grandes, que se vean, que Machín sin sus maracas no es nadie-

Y ahora nos sentimos como unos padres que ven marchar a su niño por primera vez sólo al colegio, mezcla de orgullo y miedo. Solo que esta vez, el niño es de chocolate.

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Fotos: Arte Sacro (que yo aún no tengo las nuestras, y no lo digo por nadie….)
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2 pensamientos en “Machín, chocolate extrafino

  1. Sinceramente, ese día fue uno de los que recordaré como más bonitos de mi vida.
    No por los flashes, ni por las autoridades, ni por la prensa, ni por el frío pero soleado día. Simplemente todo estaba bien.
    Fuimos de los primeros en llegar así que pudimos ver como iban apareciendo familiares y amigos poco a poco, todos con una sonrisa en la cara (en parte por el frío), mezcla de emoción y orgullo, como la primera visita a un recién nacido.
    Allí estaban, sin esperar nada a cambio, sólo la sastifacción de ver cómo Guillermo veía su proyecto acabado. Por un día el tiempo se paró y se hizo un paréntesis en el caos.
    Como el final feliz de una peli americana ¿No habéis salido nunca del cine pensando: “por fin se han casado, pero a ver cuánto duran”? Pero ese pensamiento dura un segundo porque la imagen es tan bonita que no cabe otra cosa.
    De momento nos quedamos con esa imagen.
    Enhorabuena a todos por la parte que os toca.

  2. Pingback: “Regreso al futuro”, recorta, monta y pega « Que te iba yo a contar…Pocus

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