Yo, Titus


Se alinearon los astros, 13 amigos y unas cuantas chuletas y chistorras, y pasó un año más. Mi taller, a falta de trabajo escultórico, es una magnifica sede para celebrar cumpleaños y no había ni puesto los primeros pinchitos sobre la plancha cuando comenzó la encerrona, todo el mundo abandonó la azotea y me obligaron a bajar la escalera cual Marilyn, regalos diseminados en el suelo y amigos alineados como un pelotón de fusilamiento preludio de la maravilla que aguardaba en uno de los paquetes.

Sin duda fue el regalo estrella, aunque no desmerece (more…)

Se llama Geri, es un mastín del tibet de dos meses y tiene predilección por las perneras de los pantalones y cualquier cordón que cuelgue cerca de su hocico. Debe su nombre a Geri, uno de los lobos de Odín, al igual que su predecesor Freky que nos dejó tristemente hace unos meses después de muchos años de fidelidad.

Miradlo bien porque durará poco de esta guisa, crece a ojos vista.

Uno de los episodios que más detesto de mi adolescencia (y detesto muchos) fue cuando me empezó a entrar esa fiebre por deshacerme de todo lo que representaba la niñez, ese periodo en el que para afianzar tu hombría en lugar de dejar de aplastarte los granos te da por tirar juguetes. En esa limpieza étnica de la que también tuvo culpa la falta de espacio (todo hay que decirlo) cayeron mi muñeco de Mazinguer Z de un metro de altura, todas las revistas del Petete (se salvaron los Libros Gordos), el scalextric (de esto también tuvo la culpa mi padre que clavó literalmente el circuito haciendo un ocho a una tabla, subsistió mientras hubo espacio debajo de la cama) y muchos más pero lo que más dolió fueron los muñecos de Star Wars.

Tenía por aquel entonces un amigo que no lo era tanto pero yo aún no lo sabía, un amigo que siendo consciente de mi debilidad me empujó hacia el lado oscuro: (more…)

Camila llegó a nuestras vidas hará como tres años, venía de Florida… bueno, es originaria de Florida pero venía de un parque cercano a casa donde un amigo de mis padres la había recogido. Se llamó así por la curiosa tradición familiar de ponerle nombre monárquico a las de su especie. La primera que entró en casa allá por los setenta se llamó Fabiola, por esa cosa extraña que tenían los españoles afincados en Bélgica llamada nostalgia y claro, tener una reina española en el pais de los tartines tenía su aquel. Muchos años después, su sucesora aquí en España no podía llamarse de otra manera que no fuera Sofía pero enfermó y la corona quedó vacante hasta que llegó Camila. Por aquél entonces Leonor aún no había nacido y Letizia nos parecía un nombre muy poco princesil y ¡qué carajo! al fin y al cabo estamos hablando de una tortuga, si hay alguien que se le parezca es la de Cornualles.

El caso es que unos pocos meses depués de su llegada, Camila nos sorprendió con una puesta masiva de huevos en el arriate del patio pero ¡¡hay tragedia!! era madre primeriza y los puso al sol muriéndose todos antes de que pudiéramos darnos cuenta. Pensamos entonces que vendría embarazada del parque (pero no se le notaba la barriga nada nada).

El milagro sobrevino hace unos meses cuando nos volvió a abrumar con una nueva puesta, pero esta vez la madre naturaleza fue sabia y supo enterrar los huevos, nos dimos cuenta cuando empezaron a aparecer tortuguitas hasta debajo de las piedras (literalmente). El resultado fue este:

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¿A donde quiero llegar con todo esto os preguntareis? Pues que el habitat de Camila es un patio de urbanización de apenas 12 metros cuadrados, rodeado de muros de ladrillo. No ha salido de él en más de tres años y no ha entrado varón tortugo en nuestra casa, el muro es de dos metros de altura y se hunde en los cimientos al menos un metro más. Además, en el improbable caso de que se hubiera colado algo con concha dudo que le hubieran quedado fuerzas para limpiar su rastro y volver a saltar el muro después del polvo así que o mi perra yorkshire es un milagro de la genética algo depravada o…

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Pero no definitivamente (espero), los expertos dicen que no es grave. El post-operatorio lo pasaré en tierras niponas a ver si con el taichi se me pasa el sofocón. Para los no invitados a la ceremonia, mañana sábado 19 tomaros un cóctel de mariscos y una copa de cava a mi salud, siempre después de haber sintonizado la misa de doce en Popular TV que el que no viene a la liturgia no come. A los que sí vienen, buscadme debajo de algún banco de la iglesia o en El Tremendo mojando la soltería.

Yo a cambio me hartaré de sushi a vuestra salud y si os portais bien tal vez os traiga un manekineko.

Recuerdo que tenía una camiseta que vino conmigo a España con cinco años y cuando tenía doce mi madre acabó tirándomela a escondidas porque, aferrado a mi infancia, me la seguía poniendo. Mi cabreo fue monumental, en el pecho henchido de mi prepubertad se podía ver hasta ese día a Goldorak en plano contrapicado presto para iniciar el ataque.

Mis amigos por supuesto no lo conocían y eso (more…)

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Para estas fechas suelo tener una frase habitual que es (con todo el respeto) “Semana de Pasión me toca un cojón“. Me explico, estudié mi carrera en el centro de Sevilla, he vivido tres años en el centro, y desde que soy un contribuyente a la seguridad social casi siempre he trabajado en el centro (incluyendo la actualidad) así que es ver un nazareno y todo lo que se le asocia y me entra más urticaria que con el Clamoxil.

Menos esta semana, habitualmente me tengo que pelear con las sillas, los palcos y las mantillas para escapar del centro pero esta semana por primera vez y sin que sirva de precedente ¡Me han dado vacaciones! Así que os dejo con Penitent Boy y sus filigranas ninja y me vuelvo donde estaba, a mi sofá.

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